lunes, 1 de junio de 2009

Mi aventura de ser docente

Hace 15 años cuando inicie mi labor docente, iba con la preparación para abordar metodológicamente los aspectos pedagógicos de las materias que iba a impartir. Pero era costumbre en los centros de Telebachillerato que al maestro nuevo lo mandan a impartir la 16 materias correspondientes a quinto semestre. ¿Se imaginan abordar desde el primer día materias como calculo diferencial e integral, a alumnos que con dificultad entendían lo elemental del álgebra, a cargo de un docente que la última vez que vio esos temas fue en sus propios años de años de bachiller?. Lo único que atine a hacer, es dejar de lado las materias exactas y dedicar toda mi energía a materias como literatura, filosofía, teoría de la educación, etc. Esto fue una constante a lo largo de los primeros años de mi profesión. En ocasiones subsanábamos el problema cuando al centro llegaba algún ingeniero que dominaba esas materias, pero siempre surgían otras con la misma dificultad como física, química, inglés y más adelante informática. Era una completa falta de ética lo que hacíamos con los estudiantes en esos primeros años. Desafortunadamente tampoco había mucha exigencia por parte de los padres ni de los alumnos. Además la escuela no tenía los recursos materiales indispensables para desarrollar los conocimientos, ni siquiera teníamos aulas o pupitres, dábamos clases en aulas prestadas por la escuela telesecundaria.
A base de esfuerzo y compromiso con la comunidad, con el tiempo nos ganamos su aprobación, la escuela aumento su matricula recibiendo alumnos de comunidades alejadas, al grado que fue necesario crear un albergue estudiantil para dar hospedaje a alumnos, que por la distancia no podía caminar diariamente a sus domicilios, en el caso de las alumnas las hospedábamos en familias de la localidad. El tiempo dedicado era de todo el día, las actividades empezaban a las 5 de la mañana con el cultivo de la parcela escolar, pasando por el desayuno, comida, actividades escolares por la tarde y terminaba con la cena a las 9 de la noche. Tal vez mas adelante tenga la oportunidad de relatar las peripecias para mantener la disciplina, así como las necesidades indispensables del albergue. Porque una cosa es mantener la disciplina durante 45 minutos en un aula y otra cosa totalmente diferente es mantenerla 24 horas al día con jóvenes que de un día para otro se sienten libres de la autoridad de sus padres, a cargo de docentes novatos que no les llevaban muchos años de edad. Además no se contaba con apoyo económico de ninguna institución, solo los tres maestros que enviaron a cubrir los grupos.
Desde aquella época, me ha funcionado que los alumnos perciban el grado de compromiso de un docente en su labor, agradecen mas las actitudes positivas hacia ellos, que los conocimientos que impartimos.
He observado que a lo largo de los años, la modalidad ha cambiado en varios aspectos, y ahora comprendo que los problemas que enfrenté o sigo enfrentando no son singulares, al contrario, son más comunes de lo que me esperaba. Lo que falta aquí es que los docentes establezcamos lazos de comunicación mas estrechos, que compartamos experiencias y de algún modo compartamos las formas en que resolvimos dichos problemas. Tal vez a otro docente, la solución planteada le funcione en su escuela.

Guillermo García Gómez

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