lunes, 1 de junio de 2009

Mi confrontación con la docencia

Desde que tengo memoria, mis mejores experiencias han sido en una escuela, y tal vez por la influencia positiva que tuve de algunos profesores decidí en el bachillerato estudiar pedagogía, la cual terminé en 1993. Inmediatamente me incorporé a trabajar en un Telebachillerato rural, en una comunidad pequeña, en la que tuve la fortuna de ser nombrado desde el principio como coordinador del centro. Aunado a esto, solo éramos dos docentes de nuevo ingreso. Teníamos la ventaja de realizar nuestro trabajo con libertad y entusiasmo. Nos compenetramos con la comunidad al grado que ambos profesores encontramos a nuestras respectivas esposas en la comunidad, formamos dos familias y nos establecimos por varios años. Esto dio como resultado un proyecto a largo plazo en el que hicimos cosas que no se veían por esos lugares, establecimos un albergue estudiantil, hicimos producir la parcela escolar para mantener dicho albergue sembrando arroz, sorgo, maíz, etc. Teníamos bastante libertad para trabajar por los alumnos y hacer crecer la escuela. Todavía hoy, que voy de visita a esa comunidad, las autoridades y pobladores me han ido a visitar a casa de mis suegros para recordar aquellos tiempos.
La profesión me ha traído grandes satisfacciones, por ejemplo hace unos meses un alumno de las primeras generaciones se puso en contacto conmigo para platicar de sus logros. Esta estudiando un doctorado en biología molecular. Ese estudiante en su época de bachillerato no era de los más avanzados, no tenía recursos económicos, ni parientes en las grandes ciudades que lo apoyaran, sus rasgos son: baja estatura, moreno, rasgos indígenas y con un fuerte carácter. A pesar de que en aquella época no se le veía ningún futuro académico y nadie en su familia había estudiado algo mas allá de la primaria, ahora él está logrando lo que muchas personas con mejores condiciones ni siquiera imaginamos. Pero ¿porque estudió biología?, el aún recuerda las platicas informales que teníamos sobre los avances del ADN, la clonación humana, un poco de ciencia ficción. Ahora me dice que ya comprende cabalmente de lo que antes le platicaba. Lo que me asombra es a que grado una simple conversación puede influir en la vida de otro ser humano. Es inquietante darse cuenta la influencia para bien y para mal que tenemos los docentes en esa etapa de formación.
Algunos motivos de insatisfacción que he tenido son el no dominar todas las materias a las que he estado a cargo. En esta modalidad de Telebachillerato se asigna a un docente por grupo y este debe impartir todas las materias. Se imaginan cuando nos damos cuenta en los años noventa que los alumnos deben tomar la materia de informática, si nunca había manejado una computadora y no hay en 100 kilómetros a la redonda a quien acudir. ¿Que hacer?, pues a comprar una con recursos propios, tomar un curso de una semana en vacaciones, comprar cursos en video, por la mañana estudiarlos, practicar y por la tarde dar las clases a los alumnos. Agradezco a las primeras generaciones por aceptar esas clases ineficientes sin protestar.
Ahora ya las cosas han cambiado un poco, sin embargo ahora me enfrento a otras materias que igualmente no domino. Como por ejemplo, se lo importante que es que los alumnos aprendan inglés a nivel de conversación, pero la enseñanza, los materiales y las horas asignadas son insuficientes para lograrlos. ¿Entonces que hacer?, primero inicie un curso en una escuela particular (que por cierto no he terminado por cuestiones económicas), conseguí el curso de “inglés sin barreras”, canciones y su letra en inglés, programas de computadora, etc. Ahora solo me falta convencer a los alumnos a que le dediquen el tiempo suficiente para aprenderlo con la fluidez suficiente.
Como docente me siento con limitaciones, principalmente porque a veces el factor económico limita preparase en las áreas necesarias, he tomado todos los cursos que la modalidad ha impartido, pero resultan insuficientes o lo que necesita específicamente en mi centro de estudios no es lo que se oferta.
Tengo la impresión que dar clases en una comunidad rural es diferente a darlas en una ciudad, en un pueblo las personas recurren al profesor para ayuda desde la elaboración de un simple o asesorarlos en trámites y gestiones. Los alumnos, todavía guardan cierto respeto, sobre todo cuando se dan cuenta que todo el esfuerzo que realizamos es para su beneficio. En una comunidad el docente al igual que el medico o el ingeniero son vistos como las personas que saben mucho (esto no es siempre de todo cierto). Además de que en las comunidades generalmente se tienen pequeños grupos de no mas de 20 alumnos lo que permite llegar a conocerlos personalmente, esta es una gran ventaja y de gran ayuda al momento de brindarles una orientación. Las relaciones dejan de ser solo de alumno a profesor, sino que en algunas ocasiones evolucionan con el tiempo y llegan a convertirse en amistades duraderas.
He tenido muy variados empleos desde mi adolescencia, pero estoy seguro que la docencia es lo mejor que me ha tocado, doy gracias a Dios por ello.
Guillermo García Gómez

Mi aventura de ser docente

Hace 15 años cuando inicie mi labor docente, iba con la preparación para abordar metodológicamente los aspectos pedagógicos de las materias que iba a impartir. Pero era costumbre en los centros de Telebachillerato que al maestro nuevo lo mandan a impartir la 16 materias correspondientes a quinto semestre. ¿Se imaginan abordar desde el primer día materias como calculo diferencial e integral, a alumnos que con dificultad entendían lo elemental del álgebra, a cargo de un docente que la última vez que vio esos temas fue en sus propios años de años de bachiller?. Lo único que atine a hacer, es dejar de lado las materias exactas y dedicar toda mi energía a materias como literatura, filosofía, teoría de la educación, etc. Esto fue una constante a lo largo de los primeros años de mi profesión. En ocasiones subsanábamos el problema cuando al centro llegaba algún ingeniero que dominaba esas materias, pero siempre surgían otras con la misma dificultad como física, química, inglés y más adelante informática. Era una completa falta de ética lo que hacíamos con los estudiantes en esos primeros años. Desafortunadamente tampoco había mucha exigencia por parte de los padres ni de los alumnos. Además la escuela no tenía los recursos materiales indispensables para desarrollar los conocimientos, ni siquiera teníamos aulas o pupitres, dábamos clases en aulas prestadas por la escuela telesecundaria.
A base de esfuerzo y compromiso con la comunidad, con el tiempo nos ganamos su aprobación, la escuela aumento su matricula recibiendo alumnos de comunidades alejadas, al grado que fue necesario crear un albergue estudiantil para dar hospedaje a alumnos, que por la distancia no podía caminar diariamente a sus domicilios, en el caso de las alumnas las hospedábamos en familias de la localidad. El tiempo dedicado era de todo el día, las actividades empezaban a las 5 de la mañana con el cultivo de la parcela escolar, pasando por el desayuno, comida, actividades escolares por la tarde y terminaba con la cena a las 9 de la noche. Tal vez mas adelante tenga la oportunidad de relatar las peripecias para mantener la disciplina, así como las necesidades indispensables del albergue. Porque una cosa es mantener la disciplina durante 45 minutos en un aula y otra cosa totalmente diferente es mantenerla 24 horas al día con jóvenes que de un día para otro se sienten libres de la autoridad de sus padres, a cargo de docentes novatos que no les llevaban muchos años de edad. Además no se contaba con apoyo económico de ninguna institución, solo los tres maestros que enviaron a cubrir los grupos.
Desde aquella época, me ha funcionado que los alumnos perciban el grado de compromiso de un docente en su labor, agradecen mas las actitudes positivas hacia ellos, que los conocimientos que impartimos.
He observado que a lo largo de los años, la modalidad ha cambiado en varios aspectos, y ahora comprendo que los problemas que enfrenté o sigo enfrentando no son singulares, al contrario, son más comunes de lo que me esperaba. Lo que falta aquí es que los docentes establezcamos lazos de comunicación mas estrechos, que compartamos experiencias y de algún modo compartamos las formas en que resolvimos dichos problemas. Tal vez a otro docente, la solución planteada le funcione en su escuela.

Guillermo García Gómez